Comenzó a tocar hace casi veinte años en un pequeño local del casco histórico compostelano ante un puñado de melómanos. Hoy llena el WiZink Center madrileño, da conciertos al otro lado del charco y no hay artista que no quiera compartir escenario y disco con él. Es el ferrolano Andrés Suárez, un músico al que le sigue gustando “cantar a unos centímetros de la gente”.

-¿En qué momento se encuentra Andrés Suárez? 

Estoy encerrado en el estudio, preparando lo que será el próximo disco. Y como soy intenso, te diré que será el mejor, que es algo que siempre diré del último, seguro, porque tiene que ser así; cada trabajo tiene que mejorar al anterior. 

 

-¿Y para cuándo en la calle?

Espero que a comienzos de 2020. Después de cientos de conciertos, de viajar por siete países, cruzar el charco… tenía que parar, porque uno necesita también descansar la voz y la cabeza. Suceden cosas que hay que digerir y asimilar, y a mí me llegó ese momento. Y tuve que aprender a hacerlo, porque no sabía estar quieto y me daba ansiedad estar en casa sin más. Pero ha sido la mejor decisión que he tomado. He estado leyendo, paseando, pensando, nutriéndome… y he ido haciendo un disco con calma y con mucho mimo. Ahora tengo ganas de sacarlo, de hacer promoción y giras, pero de hacerlo bien.

 

-Y en el medio de todo esto, conciertos en pequeño formato y entre amigos. ¿Cómo ha sido el ‘Acustiquísimos’ de Momentos Alhambra en Santiago?

Ha sido volver a casa. Me encantó cuando me lo propusieron porque son conciertos muy pequeños, especiales y elegantes. Y hacerlo en Santiago es hacerlo ante un público que me escuchaba hace diez o quince años en locales como el Fonte Sequelo, el Momo, el Tramoia o el Nacional VI. Me gusta mucho cantar a centímetros de la gente.

 

-Para un cantautor, ¿mejor en pequeño formato o ante miles de personas?

Tocar para miles en grandes aforos es la suma de para unos pocos en los bares. Olvidarme de eso sería lo peor, si no recordase lo que significó para mí la oportunidad que me dieron Jose y Carmen en el Fonte Sequelo o Julián en el Libertad 8 sería un desagradecido, aunque actuar ante 12.000 personas en el WiZink Center sea algo que obviamente me llevaré a la tumba.

 

-¿Qué hay de aquel cantautor al de ahora?

Yo siempre digo que hay que cantar mucho para dos para llegar a hacerlo para doscientos, y valoro mucho el éxito de ahora porque conozco bien el fracaso de no cantar para nadie. Dieciocho años después sigo viviendo de la música y pago con ella mis facturas, y sería un necio si no lo apreciase. Es verdad que ahora te quiere mucha gente y te salen muchos primos, pero yo sigo teniendo presente a las personas que apostaban por mí en aquella época y tengo la misma relación con  Miguel del Náutico, que programaba mi actuación cuando eran unos pocos los que venían a verme, que ahora cuando las entradas se agotan en diez minutos, y como con él con otros muchos.

-¿Cómo recuerda su primera etapa de canatautor en Santiago?

Viví allí durante ocho años, y tocaba todas las noches. Me hacía un circuito por los locales de lunes a jueves, y el fin de semana me iba con la orquesta. Fue una etapa maravillosa porque Santiago era una ciudad divertida, de explosión cultural, de inquietudes, repleta de arte. Así que espero que los políticos dejen de castigar la cultura en vez de apoyarla y ayuden a los locales que quieren hacer cosas ponérselo fácil.

-Acabas de hacer colaboraciones con Guadi Galego, Sabela de OT, Ainoa Buitrago… ¿Qué te aportan?

Hacer colaboraciones es necesario y es lo que tenía que pasar. La música no es una competición, es unión, y cuando te juntas con alguien a cantar, a componer, a escribir, aprendes mucho y suceden cosas maravillosas. La competencia solo la ven los empresarios.

 

-A tí también te ayudaron otros artistas.

Yo recuerdo a Javier Ruibal, a Tontxu y a tantos otros que cuando yo empezaba me cedían su escenario para cantar. Si yo no ayudo ahora con lo que me han ayudado a mí, sería un desagradecido.

 

-También estuviste en el cartel del homenaje a Enrique Urquijo. ¿Qué ha supuesto para tí?

Es rendir homenaje a un maestro, y eso es de lo más hermoso que hay. Enrique era un genio superlativo y mi deber sonoro es que las generaciones siguientes lo sepan. Creo que la industria musical no ha dejado espacio para los cantautores, solo las radios, y si un chaval de ahora no conoce a Aute o a Silvio, es que algo se ha hecho mal y todos somos responsables.

 

-¿Cómo te gustaría que te recordaran?

Dejando el mejor legado posible de canciones. Yo estaré de paso, pero mi obra no. 

 

MUY PERSONAL

“Heredé de mi padre el gusto por escuchar todo tipo de estilos musicales. Cuando iba con él en el coche podía estar sonando Extremoduro, luego Radio Futura y después Beethoven”.

“Mi libro de cabecera es La Balada de la Cárcel de Reading, de Oscar Wilde”.

“Cuando vuelvo a la casa familiar, mi madre me prepara tortilla de patatas”.

“Volvería una y otra vez a París, pero para vivir, me quedo con mi refugio de Pantín”.

“Mi momento de mayor feliz es cualquiera de los que he vivido sobre un escenario”.