El Pico Sacro, dominante sobre los valles del curso medio del río Ulla y definido por Otero Pedrayo como «la cumbre más bella y simbólica de Galicia», funde, como en pocos lugares, historias y leyendas.

Su forma puntiaguda, la peculiar morfología con rocas de cuarzo cristalizado y su altura forman una silueta icónica que ejerce como faro natural. Desde el Camino de la Plata y el Camino de Invierno, marca la última etapa, siendo el primer lugar desde donde se ven las ansiadas torres de la Catedral.

Además, este monte sagrado juega un papel fundamental en la traslatio. Según la leyenda del Códice Calixtino, los discípulos del Apóstol recurrieron a la Reina Lupa para que les facilitara un carro y unos bueyes para trasladar el cuerpo hasta el Campo das Estrelas (Compostela). Esta los mando al Pico Sacro, con la esperanza de que el dragón y los toros bravos que en el habitaban los eliminaran. Los discípulos, a punto de morir, hicieron la señal de la cruz provocando la muerte del guardián del pico y el amansamiento de los toros. Estos hechos maravillosos llevaron al a conversión de la Reina y de sus vasallos a la nueva religión cristiana.

A esta leyenda se le suman otras que nacen de la gente de la zona y que tienen como protagonistas a personajes de la mitología tradicional gallega. Entre ellos, los moros o las serpientes que habitan las misteriosas cuevas que hay cerca de la cumbre.

Al patrimonio cultural se une también el natural, ya que el Pico ofrece una de las panorámicas más extensas de toda Galicia, dos cuevas de cuarzo cristalizado y una gran brecha en la cumbre, llamada Rúa da Raíña Lupa.