Sue Rainbow Foto

Filosofía budista en la educación canina

El compostelano Alejandro Valverde recuerda con especial cariño a la primera perra que adoptó en el Refugio de Bando, una mestiza de siete años a la que bautizó con el nombre de Kally y que supuso su primer contacto con el mundo del adiestramiento animal.

“Empecé a educarla y el resultado fue maravilloso, aprendió muy rápido, y yo también con ella. Me di cuenta de lo mucho que se podía hacer en este campo y lo mucho que me gustaba a mí”.


Diseñador gráfico, Álex comenzó entonces a formarse en educación canina y terminó cambiando su trabajo en una librería por el de adiestrador en una escuela, hasta que el año pasado decidió montar Budadog, donde imparten “educación amable y en positivo”, enseñando cuidado y pautas de conducta del perro, pero dando también soporte vital y emocional a sus dueños y dueñas, “porque en muchas ocasiones hay sufrimiento, malestar y frustración por no lograr resultados, y es necesario trabajar con dueños y mascotas conjuntamente”, explica Álex, que ha impregnado de filosofía budista la base de sus métodos de adiestramiento.
Además de los que buscan corregir la agresividad de los animales o modificar su carácter o conducta, a Budadog llegan muchas personas que “simplemente no saben educarlos y piden orientación para solucionar los problemas en el manejo del perro” e insiste en que “se debería ir más allá de los rasgos físicos del animal y tener más en cuenta las características y el carácter de cada raza. Lo perfecto sería buscar ayuda profesional antes de seleccionar un perro, porque les podríamos ayudar incluso a preparar la casa y les enseñaríamos a educarlos correctamente para disfrutar de su convivencia”.

Alejandro Valverde y ‘Trufa’. Fotografía Sue Rainbow

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