Yo no me fío siempre de los rankings o listas, y no me gustan nada los estereotipos. Pero por alguna razón existen, y sería hipocresía ignorarlos totalmente. Aunque no deberían servir como verdad absoluta, sí que sirven de referencia. Y alguna credibilidad tenía el periodista inglés Gavin McOwan, cuando el prestigioso diario británico The Guardian le encargó, en 2007, de hacer una (imposible) lista de las 10 mejores playas del mundo. Pues McOwan situó la Playa de Rodas como la «number 1». La mejor del mundo, en una lista que también tenía playas de Brasil (justo el Porto da Barra, de mi ciudad natal Salvador de Bahía), Australia, Colombia, Filipinas, India y Tanzania. Es indiscutible que se pueda cuestionar la legitimidad de esta lista, y que seguramente hayan paraísos tropicales, con aguas más cálidas y paisajes repletos de cocoteros (2 elementos que las Islas Cíes no ofrecen) que podrían rivalizar de forma muy reñida con estos 2km de arena blanca, bañados por unas aguas muy cristalinas. Lo digo yo incluso, que vivo en Galicia y conozco playas como Carnota, Las Catedrales o La Lanzada… Y que nací y crecí en Bahía (el estado de costa más extensa de Brasil), dotada de playas tan impresionantes (y superiores a la del Porto da Barra soteropolitana, que tanto le enamoró a McOwan) como las de Cueira o Moreré en la isla de Boipeba, la de la Espera en Itacimirim o la ‘3a praia’ de Morro de São Paulo. Y ojo que no mencioné las de Florianópolis, Fernando de Noronha, Río de Janeiro y un largo etcétera, sólo en el territorio brasuca.

Pero bueno… algún motivo muy fuerte llevó a este británico, que aparte de periodista es un notable viajero, a sentenciar que esta playa merecía presidir su lista. Creo que argumentos los tendrá todo aquél que tenga la posibilidad de tocar, al menos una vez en su vida, sus pies en este mágico arenal y visualizar personalmente este inenarrable escenario.

Las Cíes, más allá de la Playa de Rodas

 

Mucha gente va al archipiélago de las Cíes por la fama que ganó tras aparecer en el topo de esa lista de las mejores playas del mundo publicada por el The Guardian, como ya comenté al comienzo del artículo. Pero hay mucho que recurrir en las islas, por los distintos senderos que llevan a bosques bellísimos o calas llenas de encanto. El punto culminante es precisamente el de la foto, el Monte del Faro. Desde sus más de 100 metros de altitud es posible visualizar, en días despejados, tres diferentes Rías gallegas (leíste bien, TRES!): la de Vigo, la de Pontevedra y la de Arousa, con la sierra de la Barbanza cerrando el horizonte. Además, es curioso verificar la variación de paisajes entre la costa de las Cíes que dan para el Atlántico (llena de acantilados y casi sin vegetación) y la que da a la Ría de Vigo (más llana y con gran capa forestal). Es muy recomendable, igualmente, visitar las calas menos famosas que el arenal de Rodas, cada una con un encanto distinto. Entre ellas, menciono las de Bolos, Nosa Señora y la de Figueiras (también conocida como Playa de los Alemanes, con la peculiaridad de ser nudista).

Una experiencia que también puede ser interesante es pernoctar en el archipiélago: hay un camping bien estructurado, que ofrece tiendas de alquiler y tienen una eficiente e higiénica estructura de vestuarios, duchas y aseos. Esta es la única manera de instalarse en las islas, ya que integra el Parque Natural de las Islas Atlánticas, no tiene hostelerías habilitadas y no está permitida la acampada libre en su territorio. 

De una manera o de otra, en estancias cortas o más prolongadas, visitar este auténtico paraíso siempre proporcionará un contacto intenso con la naturaleza inmaculada y la contemplación de paisajes idílicos.

Ticiano Domínguez. Periodista y doctorando en comunicación en la USC.