Nunca sabes con qué se queda la gente de lo que lee; solo lo que sientes tú al escribir, y a mí solo por esa parte ya me compensa”. Lo dice Arantza Portabales en plena promoción de su última novela, La vida secreta de Úrsula Bas, con la que vuelve a invitar al lector a seguir los pasos de los  polícías Abad y Barroso por las calles de Compostela para desentrañar un nuevo crimen. Un thriller más maduro y más psicológico que el anterior, protagonizado por una mujer “que es un poco todos nosotros cada vez que no tenemos fuerzas para levantarnos de la cama”, y que ya le está trayendo “muchas cosas buenas”.

Arantza Portabales, funcionaria de la Escala Superior de Finanzas de la Xunta, asegura que desde que empezó a escribir le pasan “cosas muy bonitas”. Comenzó a publicar sus primeros relatos en 2013 y desde entonces no ha dejado de ganar lectores y cosechar éxitos, como el último Premio Manuel Murguía, la traducción al italiano de su penúltimo thriller, Belleza Roja, o la versión teatral de su novela Deje su mensaje después de la señal, que acaba de lograr su nominación a los Premios Max.

También toda una colección de anécdotas, como la de la youtuber italiana que enamorada de ésta última obra, se ha grabado en vídeo cocinando una de las recetas que salen en ella, o el flechazo de Jorge Javier con sus libros y su consiguiente promoción en Sálvame.

Con una agenda frenética, entre la promoción de La vida secreta de Úrsula Bas, publicada el pasado mes de mayo; el trabajo, la familia y el artisteo, Arantza se confiesa feliz de volver a publicar, aunque se pase la vida corriendo. “Un libro siempre es alegría, y más en estos tiempos pandémicos. Además, a mí me sirve para ser mejor en las otras facetas de mi vida”. 

“Cuando empecé a escribir no podía ni imaginar todo lo que iba a venir, pero ahora tampoco, y ni lo pienso, porque me volvería idiota. También tengo la gran suerte de que mi familia relativiza todo y me pone los pies en el suelo”, dice, mientras insiste en que le pasan muchas cosas maravillosas con los libros, “como el que alguien me diga que les ha ayudado a pasar un momento malo, por ejemplo, o que cuando los empiezan no pueden dejar de leerlos”.

Algo que ya ha quedado patente con las críticas y los comentarios de los lectores, “quizá porque mis personajes tocan todos los temas universales”, reflexiona. “Yo parto de estereotipos y luego me los cargo; creo que hay que partir de ellos para que el lector se reconozca en el personaje, pero luego empezamos a escarbar y a destruirlo. La literatura es universalidad, es miedo a morir, es ganas de amar, es necesidad, es contar qué somos… Y es muy sencillo, solo hay que mirar dentro”.

Sobre sus últimas novelas lo tiene claro. “En Belleza Roja no es importante quién es el culpable, sino el por qué. Hay un asesinato y es un círculo cerrado; aunque sospeches, nunca estás segura. Y en La vida secreta de Úrsula Bas el final es más sorpresivo y hay más despiste, porque si una virtud tengo como escritora es manejar bien el puzzle”.

E insiste en que “es un thriller completamente diferente, mucho más psicológico, con una trama más compleja, con más voces narrativas y un narrador súper omnisciente que nos descubre cómo es la gente por dentro, que no deja de ser una excusa mía para meterme en la cabeza de los personajes y contarlo. Desde el punto de vista técnico”, afirma, “la narrativa es muy compleja. Es mucho mejor novela, más madura”, entre otras cosas porque está convencida de que aprende con cada libro que escribe, aunque no renuncie a “la frescura” de los primeros.

Y aunque el epicentro es Compostela y el libro invita a tomarse un bocadillo en el Latino, probar la tortilla del Marte o La Tita, y comer en Casa Marcelo, Arantza también lleva de paseo al lector por la Ribeira Sacra, Pontevedra y las rías del sur, pese a que reconoce que “yo no transito tan bien por las geografías físicas como por las humanas, pero me gusta que respiren lo que yo respiro, y coman lo que yo como”.

EN LA LIBRERÍA

  • “Huyo de la novela negra cuando la estoy escribiendo, y la leo entre libro y libro. Siempre me inclino por la narrativa actual y la combino con lecturas clásicas que tengo pendientes. Me gustan esos libros en los que no pasa nada y pasa todo”.
  • “Mi libro del año pasado fue Personajes secundarios, de Paula Fox”.
  • “Este año me han gustado especialmente Catedrales, de Claudia Piñeiro, y Un amor, de Sara Mesa”.
  • “En novela negra, me quedo con 1973, de Niklas Natt Och Dag. Me ha gustado mucho, es muy sangrienta, está muy bien escrita y con unos giros de trama muy bien hechos. Combina thriller y novela histórica de una forma muy chula”.

LIBROS DE CABECERA

Catedral, de Raymond Carver – “Digo ese, pero podía ser cualquiera de él. Nos retrata por dentro de una manera brutal y muy simple. Escribe muy sencillo sobre toda la mierda que nos rodea con mayúscula. Escribe la suciedad humana de una manera brutal, y te hace sentir muy mal porque te identificas mucho con ella”. 

El nombre de la rosa, de Umberto Ecco – “Fue mi libro iniciático. Con catorce años me gustó mucho, pero no lo entendí muy bien. Me gusta cómo retrata el contexto histórico, y lo tiene todo: su punto filosófico y también ese toque entretenido de novela negra, porque para mí es una novela policíaca al uso. Habla de la hipocresía, del dominio de la mente a través de la religión, de la lucha de poder… También me gusta porque lo leí en cada década de mi vida, y en momentos muy peculiares, como dándole el pecho a mi hija mayor, y lo tengo muy grabado. Además, tiene una adaptación cinematográfica igual de brillante”.

El amor en tiempos de cólera, de Gabriel García Márquez – “Tiene esa prosa de García Márquez que nunca nadie va a escribir igual, jamás en la vida. Y la historia también me interesa mucho, es muy bonita y tiene el mejor final del mundo. Su frase lo resume todo, porque no sabemos afrontar la muerte, aunque es lo único que tenemos seguro. Y el dolor no está en la muerte en sí, sino en que te arrebata la cotidianidad, los sentimientos compartidos…”.

Texto: Ana Iglesias // Fotografías: Bruno Rodríguez (@brod_a_secas)