Galicia es mucho más que playas y marisco. Es también mar bravo, montes verdes y ocres, cascadas espectaculares y bosques; es arquitectura y patrimonio histórico, y es gastronomía de puchero lento y cuchara. E incluso de lluvia convertida en arte. 

Hay muchas razones para descubrir la Galicia del invierno, la de los paisajes envueltos en brumas, la de los primeros copos de nieve, la que invita a disfrutar de sus comidas y sus vinos con Denominación de Origen. Un destino perfecto para las escapadas de fin de semana con paseos, experiencias gastronómicas y programas wellness.

Paisajes

Una tierra de paisajes variados tanto para los que gustan de mar como de montaña. Perfecta para descubrir rincones de cuento, hacer rutas de senderismo, dar paseos a caballo, redescubrir las playas kilométricas envueltos en ropa de abrigo, practicar algún deporte náutico o relajarse en alguna de sus múltiples piscinas y termas naturales. 

Gastronomía

La alta calidad de sus materias primas, tanto en carnes como en productos del mar, definen la gastronomía gallega, que se caracteriza por la sencillez de su cocina, para disfrutar las materias primas en toda su intensidad natural. Basada principalmente en las carnes y las verduras, sus platos  destacan por su gran contenido calórico, pero libres de grasas complejas y saturadas. Marisco, empanadas, caldo gallego, cachelos con chorizo, callos con garbanzos, pimientos de Padrón, lacón con grelos o pulpo a la gallega se abren paso entre las exquisiteces culinarias, que se acompañan con alguno de los vinos pertenecientes a alguna de las cinco Denominaciones de Origen de la región, y se terminan con licores como la queimada (conjuro incluído). 

Pasear bajo la lluvia

Visitar los cascos antiguos de las ciudades milenarias como Compostela con la piedra mojada por la lluvia es una de las estampas más bellas y románticas del invierno.