Estamos en la edad dorada de Hollywood. El cine está en su pleno apogeo, el glamour de la gran pantalla se extiende a la calle y la moda cobra mayor importancia social. Son años de movimiento, de crecimiento económico y revolución cultural, impulsada por el rápido desarrollo industrial y el consecuente fenómeno de consumismo.

La década de los 50 estuvo marcada por las consecuencias tras la Segunda Guerra Mundial. Dos bloques enfrentados, el Occidental capitalista liderado por Estados Unidos, y el bloque del Este comunista, llevado por la Unión Soviética. Un enfrentamiento que dio lugar a lo que conocemos hoy en día como Guerra Fría. Años duros, pero en los que en la moda se empiezan a experimentar todo tipo de cambios. Se deja atrás la sobriedad de postguerra de los años 40, aparece el color y las formas militares y rígidas dejan paso a una cautelosa sensualidad y armonía femenina, ya que aún imperaban fuertes principios morales que inhibían la provocación excesiva.

Christian Dior y su New Look. Balenciaga y sus volúmenes arquitectónicos. Mademoiselle Chanel y sus siluetas andróginas. La aparición de Ives Saint Laurent. Givenchy y un Desayuno con Diamantes. Estos y otros muchos dejaron su huella en un momento de contrastes. Llegan las formas y los largos dramáticos. Líneas verticales y oblicuas que se abullonan o se funden con el cuerpo. Tejidos lujosos como satenes, terciopelo, gasas… Es época de Alta Costura.

En el cine, por su parte, la gran pantalla estaba viviendo su gran etapa conocida como la Edad de Oro, con un gran número de películas, actrices, actores y directores esenciales para entender el cine actual. Un cine que se sustentaba sobre normas estilísticas basadas en el realismo, el montaje de continuidad, la invisibilidad de la narración, la reducción de la ambigüedad y la universalidad de las historias. Años en los que se estrenaron grandes películas como Vacaciones en Roma, Eva al Desnudo, Cantando Bajo la Lluvia, Con faldas y a lo loco, Crimen perfecto, entre otras.

El vestuario cobró un protagonismo nunca antes visto, dándose lugar en 1948 la categoría de Premio al mejor vestuario en los Oscars de Hollywood, diferenciando entre películas en blanco y negro, con un Roger K. Furse y su Hamlet; y color, con las ganadoras Dorothy Jeakins y Karinska en Juana de Arco.

Los grandes diseñadores saltaron de la pasarela a la gran pantalla vistiendo a grandes rostros del film de la época e iconos, sin duda, de la moda y el arte. El cine se contagia del talento de los grandes maestros del momento y la pantalla se llena de grandes diseños.

Ava Gardner, Cary Grant, Rita Hayworth, Paul Newman, Katherine Hepburn, Marilyn Monroe, Bette Davis, Marlon Brandon, Elizabeth Taylor, Grace Kelly, James Dean, Ingrid Bergman, Lauren Bacall, Audrey Hepbur, María Félix…

Un fuerte engranaje que acercó la moda a la calle, donde tanto mujeres como hombres querían vestirse como los ídolos que veían en las películas, el prêt-à-porter se hace cada vez más inminente y se propicia la democratización de la moda.

Hoy en día, el tándem cine-moda sigue siendo perfecto, donde técnica, expresión y estética se entremezclan a la perfección. El vestuario sigue siendo un fuerte pilar en la gran pantalla, el espectador sigue necesitando de la identificación con el personaje, invitándolo a soñar e inspirarse, y la historia necesita de veracidad y coherencia. Así mismo, actrices, actores y directoras/es, siguen siendo el reflejo de muchos diseñadores, consagrados y emprendedores, llenando alfombras rojas y espectáculos con sus trajes y vestidos.

La moda ha cambiado y a su vez no deja de ser cíclica. La vuelta al pasado para traerlo al presente renovado es constante, sigue presente en todos los sectores de nuestras vidas y su influjo en el cine sigue siendo fundamental. Ahora sólo nos queda recordar viejos tiempos y disfrutar de momentos clásicos como Ryta Hayworth y su maravillosa Gilda.

 

Por Jona Camacho

Diseñador De los Aires

@de_los_aires